viernes, 4 de junio de 2010

trasmutacion de elementos en naturaleza

LOS NIÑOS DE LA TIERRA. 17 . Alquimistas en el jardín.

El alquimista medieval, cuyo afán de trasmutar un elemento por otro fue ridiculizado aviesamente a lo largo de los siglos, puede ser reivindicado ahora gracias a los esfuerzos desarrollados por las plantas vivientes.


A principios de este siglo, un joven estudiante bretón que se estaba preparando para hacerse científico, comenzó a observar algo extraño que estaba ocurriendo con las aves del gallinero de su padre. Cuando escarbanban la tierra, parecían estar constantemente picando motas de mica, material silíceo esparcido por el suelo. Nadie pudo explicar a Louis Kervran por qué los pollos buscaban la mica, ni por qué , cuando se mataba un ave para alimento de la familia, no se encontraba en él rastro alguno de mica, ni a qué se debía el que todos los días pusiesen las gallinas huevos de cáscara calcárea, aunque no habían ingerido calcio alguno de la tierra, la cual carecía totalmente de piedra caliza.

L. Kervran

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Tardó muchos años Kervran en averiguar que estas aves de corral transmutaban un elemento en otro, como verdaderas alquimistas.
Leyendo la novela de Gustavo Flaubert, Bouvard et Pécuchet, el joven Kervran se encontró con una alusión a Louis Nicolas Vauquelin, famoso químico francés, que, "después de haber calculado la cantidad de cal de la avena con que se alimenta una gallina, encontró más todavía en la cáscara de sus huevos. Por lo tanto, es una creación de materia. Nadie sabe de qué manera."


Parecióle a Kervran que, si la gallina se las había arreglado, por el procedimiento que fuese, para manufacturar calcio en su cuerpo, cuanto había aprendido de química en la clase tenía que ser revisado y rectificado. Desde finales del siglo XVIII, cuando el contemporáneo de Vauquelin, Antoine Laurent Lavoisier, considerado como el "padre de la química moderna", formuló el principio de que, en el universo "nada se pierde, nada se crea, todo se transforma", se creía que los elementos podían alterarse con diferentes combinaciones, pero no cambiarse uno en otro; millones de experimentos parecían corroborar el principio de Lavoisier.

L.N. Vauquelin A.L. Lavoisier

La primera grieta que se formó en este muro, al parecer invulnerable, levantado en torno al átomo, fue el descubrimiento a principios del siglo XX de la radiactividad, que demostraba cómo unos veinte elementos podían cambiarse en algo distinto, sin acatar ya la ley de la conservación de la materia.

El radium, por ejemplo, se desintegra en electricidad, calor, luz y otras sustancias, como plomo, belio y diversos elementos. Al surgir la física nuclear, el hombre pudo crear determinados elementos que faltaban en la famosa gráfica trazada por el genio campesino ruso, Dimitri Mendeleyev, porque se creía que se había desvanecido radiactivamente en tiempos antiguos, o que nunca habían existido en estado natural.

D. Mendeleyev

Ernest Rutherford, el físico británico que formuló la teoría del núcleo del átomo, mostró en 1919 cómo podían transmutarse los elementos, bombardeándolos con partículas alfa idénticas a los átomos de helio sin sus electrones, práctica que se ha perpetuado hasta los tiempos presentes, con "una artillería cada vez más pesada". Pero, ni siquiera estos progresos echaron por tierra el pronunciamiento de Lavoisier sobre los 80 o más elementos no radiactivos. Los químicos siguen sosteniendo que es imposible crear otro elemento por reacción química, y aseguran que todas las reacciones producidas en la materia viva son exclusivamente químicas. Según su punto de vista, la química puede y tiene que explicar la vida.

E. Rutherford

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Recién graduado de ingeniero y biólogo, Kervran recordó el experimento de Vauquelin y se decidió a repetirlo. Cebó una gallina con avena nada más, después de haber medido cuidadosamente su contenido de calcio. Comprobó después lo que había en sus huevos y en sus heces, y vio que había producido el cuádruplo de calcio que ingiriera. Preguntó Kervran a sus colegas bioquímicos cómo había podido producirse la cantidad extra de calcio, y le contestaron que procedía del esqueleto del ave.

Esto le parecía a Kervran que podría ocurrir en casos de emergencia; pero, si una gallina tuviese que elaborar cáscaras de huevo durente mucho tiempo, su esqueleto quedaría pronto reducido a pulpa. En realidad, cuando se priva de calcio a una gallina, empieza a poner huevos blandos a los cuatro o cinco días. En cambio, si se la alimenta con potasio, sus huevos adquirirán una cáscara dura compuesta de calcio. No cabe duda de que el ave puede transmutar el elemento potasio - que se encuentra en concentraciones altas de avena - en el elemento calcio.
Kervran se enteró además de que, al retirarse Vauquelin, el inglés William Prout realizó un estudio sistemático de las variaciones que se producían en el calcio al incubar las gallinas sus huevos, y averiguó que, cuando empollaban, contenían cuatro veces más cal de la que había en el huevo, y que, por otra parte, no había cambiado el contenido calizo de la cáscara. Sacó en consecuencia que tenía que haber una formación endógena de cal dentro del huevo. Esto ocurría mucho antes de que los científicos tuviesen conocimientos del átomo, dice Kervran, por lo cual era demasiado pronto para hablar de la transmutación atómica.

W. Prout

Uno de sus amigos le indicó que, allá por el año 1600, un químico flamenco, Jan Baptista Helmont, plantó un sauce en un tiesto de barro que contenía 200 libras de tierras secadas al horno, y durante 5 años no alimentó al árbol más que con agua de lluvia o destilada. Cuando lo retiró y lo pasó, había ganado 164 libras, mientras el peso del suelo seguía siendó más o menos el mismo. Quedóse cavilando Helmont si la planta no habría cambiado el agua en leña, corteza y raíces.

J.B. Helmont

Otra anomalía vegetal que intrigaba a Kervran, era que la Tillandsia, o musgo hispánico, que puede crecer sobre cables de cobre sin contacto alguno con el suelo, cuando se le quemaba, no dejaba residuos de cobre en la ceniza, sino óxidos de hierro y otros elementos, todos ellos procedentes indudablemente de la atmósfera.

Tillandsia

Henri Spindler, otro científico francés, estaba fascinado porque las algas llamadas Laminaria parecían capaces de manufacturar yodo.

Laminaria

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Buscando soluciones a sus inquietudes en la literatura medio olvidada que se guardaba en las polvorientas estanterias de las bibliotecas, vio que un investigador alemán llamado Vogel, había sembrado simientes de berro en una vasija cubierta con una campana de cristal, y que las alimentaba exclusivamente con agua destilada. Unos cuantos meses después, al quemar las plantas ya adultas, vio Vogel que contenían el doble del azufre presente en las semillas.

Descubrió además Spindler que, poco después de Vogel, dos ingleses, Lawes y Gilbert, habían averiguado, en el famoso Instituto de Investigación Agrícola de Rotohamsted, Inglaterra, que los vegetales parecían extraer del suelo más elementos de los que contenían.

M. Vogel

Durante diecisiete años estuvieron estos dos investigadores cultivando un campo de trébol, cambiándolo dos o tres veces al año y sembrándolo exclusivamente cada cuatro años, sin fertilizante alguno.

Obtuvieron cosechas tan abundantes que, según se calculó, si hubiera tenido que añadirse lo que se había retirado durante el periodo entre la llegada de un enjambre de langostas de diecisiete años (Magicicada septendecim) y el siguiente, sería necesario volcar en el terreno más de 5.700 libras de cal, 2.700 de magnesia, 4.700 de potasio, 2.700 de ácido fosfórico y 5.700 de nitrógeno, o sea, más de 10 toneladas en total. ¿De dónde habían venido todos estos minerales?.


Profundizando más en el misterio, Spindler estudió el trabajo realizado por el barón de Hannover, Albrecht von Herzeele, quien publicó en 1873 un nuevo libro revolucionado, titulado El origen de las sustancias inorgánicas, en el que se demostraba cómo, en lugar de limitarse a absorber materia del suelo y del aire, los vegetales están constantemente creándola.

Von Herzeele realizó durante su vida centenares de análisis, que indicaban que el contenido original de potasio, fósforo, magnesio, calcio y azufre aumentaba inexplicablemente si se cultivaban las simientes con agua destilada. Aunque la ley de la conservación de la materia aseguraba que tenía que haber el mismo contenido mineral en las plantas regadas con agua destilada que en las semillas de que brotan, los análisis demostraban también que, no sólo las cenizas minerales, sino que cada uno de los componentes de las plantas aumentaba, como el nitrógeno que se quemaba en la incineración de dichas semillas.
Descubrió además von Herzeele, que los vegetales parecían transmutar en forma alquímica, el fósforo en azufre, el calcio en fósforo, el magnesio en calcio, el ácido carbónico en magnesio, y el nítrogeno en potasio.
Uno de los muchos casos extraños que registra la historia científica, es que los escritos de Herzeele, publicados entre 1876 y 1883, fueron recibidos con el más profundo silencio por las academias oficiales, que sostenían que los fenómenos biológicos podían explicarse atómicamente según las leyes químicas.

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De hecho, la mayor parte de las obras de Herzeele no lograron llegar a las bibliotecas.
Spindler llamó la atención de sus colegas sobre los experímentos de este ilustre alemán. Uno de ellos era Pierre Baranger, profesor y director del laboratorio de química orgánica en la famosa Escuela Politécnica de Paris, que, desde su fundación en 1791, ha venido formando las mentes científicas y mecánicas más gloriosas de Francia.

Para comprobar la obra de von Herzeele, Baranger inició una serie de experimentos, que duraron casi una década entera. Con ellos se confirmó ampliamente su obra, y se comprobó que la ciencia atómica iba a experimentar posiblemente una verdadera revolución.


Cuando Baranger anuncio sus descubrimientos al mundo científico en enero de 1958 ante un distinguido auditorio de químicos, biólogos, físicos y matemáticos del Instituto Ginebrino de Suiza, observó que, sí continuasen sus investigaciones, habría posiblemente que modificar un determinado número de teorías, que no parecían suficientemente comprobadas desde el punto de vista experimental.
Esta cautelosa afirmación, dictada por los imperativos científicos, fue más explícitamente declarada por Baranger en una entrevista para Science et Vie, en 1959. "Mis resultados parecen imposibles - dijo -, pero ahí están. He tomado todas las posibles medidas de precaución. He repetido muchas veces los experimentos. He realizado durante años, millares de análisis. He hecho que terceras partes comprobasen los resultados, sin que supiesen a qué se referían. He empleado diversos métodos. He cambiado de experimentadores, pero no hay evasiva posible : tenemos que someternos a la evidencia de que las plantas conocen el antiguo secreto de los alquimistas.

Todos lo dias y ante nuestros mismos ojos, están transmutando los elementos."
En 1963, Baranger había demostrado irrebatiblemente que, en la germinación de las semillas leguminosas en una solución salada de maganeso, éste desaparecía, y en su lugar aparecía el hierro.

Con el propósito de proyectar más luz sobre los mecanismos en juego, descubrió toda una serie de complejidades relacionadas con la transmutación de los elementos en semillas, entre las cuales estaba el tiempo de su germinación, el tipo de luz en que se habían llevado a cabo, y hasta la fase exacta de la Luna.
Para comprender la enormidad del trabajo realizado por Baranger, es preciso recordar que, según la ciencia nuclear, para estabilizar los elementos se necesitan tan gigantescas energías de fijación, que, al no ser capaces de producir y dirigir esa energía, nunca hubieran podido los alquimistas haber transmutado un elemento en otro, como pretendían.

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Y sin embargo, las plantas están constantemente transmutando los elementos de una manera totalmente desconocida para la ciencia, sin necesidad de los enormes destructores atómicos modernos. La brizna más diminuta de hierba y la hojita más frágil de un azafrán o de una petunia pueden lograr lo que hasta ahora ha sido imposible para los alquimistas modernos, a quienes llamamos físicos nucleares.


Hablando de su nueva investigación, el reposado y cortés Baranger dijo : "He estado enseñando química en la Escuela Politénica 20 años, y pueden creerme, el laboratorio que dirijo no es un cubículo de ciencia falsa. Pero jamás he confundido el respeto por la ciencia con los tabús impuestos por el conformismo intelectual. Para mi, cualquier experimento escrupulosamente realizado es un homenaje a la ciencia, aunque lleve la contraria a nuestros hábitos inveterados. Los experimentos de von Herzeele fueron demasiado escasos para convencer plenamente. Pero sus resultados me animaron a controlarlos con toda la precaución posible en un laboratorio moderno, y a repetirlos las veces que fuera menester, para que resultasen irrebatibles estadísticamente y esto es lo que he hecho."


Baranger comprobó que las simientes de la algarroba de Cerdeña, cultivadas en agua destilada, no mostraban cambio alguno en su contenido de fósforo y de potasio. Pero las desarrolladas en una solución salada de calcio alteraban el contenido de estas los mismas sustancias en una proporción enorme del 10 por ciento, y que el calcio aumentaba en ambos grupos.

"Comprendo perfectamente bien - dijo a los escritores científicos -, que los acosaron como buenos periodistas con todas las objeciones posibles durante la entrevista, que estén ustedes asombrados con estos resultados. Porque, en efecto, son para pasmar a cualquiera. Comprendo que andan ustedes buscando por todos los medios algún error que eche por tierra estos experimentos. Pero, hasta ahora no se ha encontrado tal error. El fenómeno sigue en pie : las plantas son capaces de transmutar los elementos."


Por desorientadores y contradictorios que pudiesen parecer los experimentos de Baranger, Science et Vie indicó que la misma física nuclear ha llegado a una etapa en que se formulan cuatro teorías distintas y casi contradictorias respecto al núcleo atómico. Más aún, dicen, no se ha encontrado todavía el verdadero secreto de la vida, acaso porque nadie lo ha buscado en el núcleo atómico. Hasta ahora, prosiguen, la vida se ha considerado principalmente como un fenómeno químico y molecular, pero es posible que sus raíces lleguen hasta los más remotos subfondos y profundidades de la física atómica.

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Nunca podrán calibrarse en su verdadero valor las consecuencias prácticas de los descubrimientos de Baranger. Uno de ellos es que algunas plantas pueden aportar al suelo elementos útiles para el desarrollo de otras, lo cual puede provocar muchos cambios en las doctrinas tradicionales sobre los barbechos, las rotaciones de cultivo, las cosechas mixtas, los fertilizantes o el abono con estiércol de los suelos infértiles y yermos, como averiguó Fried Sykes con ensayos y comprobaciones efectuadas en su tierra de Wiltshire.

Además, según opina Baranger, nada nos impide pensar que ciertas plantas son capaces de producir elementos raros de importancia industrial. Nos dan un ejemplo de transformación subatómica que no somos capaces de realizar en el laboratorio sin poner en acción partículas de alta energía, de la misma manera que no poder producir a temperaturas ordinarias las síntesis de innumerables productos, alcaloides o de otros tipos, que se extraen de las plantas.

Kervran, hombre vinculado constantemente a la tierra a pesar de sus obligaciones académicas urbanas, comenzó a interesarse por otro fenómeno de naturaleza global, conocido desde hace mucho tiempo por los especialistas en agricultura.

En la obra de Didier Bertrand, El magnesio y la vida, publicada en francés el año 1960, leyó que cada vez que se recoge una cosecha de trigo, maíz, patatas o cualquier otro producto, los elementos de la tierra utilizada por las plantas para el proceso de su desarrollo desaparecen.

Como el suelo virgen laborable contiene de 30 a 120 kilogramos de magnesio por hectárea, Bertrand insistió en que la mayor parte del terreno arable debía estar totalmente exento de este elemento desde hacía mucho.

Pero no sólo no es así, sino que en varias partes del mundo, como Egipto, China y el Valle del Po en Italia, los suelos siguen siendo altamente fértiles a pesar de las enormes cantidades de magnesio que se les han arrebatado desde hace millares de años con las cosechas. El que las tierras hayan sido capaces de reponer los productos que necesitan, pensaba Kervran, se debe quizá a que la vida vegetal tiene poder para perturbar la tabla periódica de los elementos, por ejemplo, para hacer magnesio de calcio, o carbono de nitrógeno.

D. Bertrand

Con la obstinación celta de un bretón, publicó sus transmutaciones biológicas en 1962, primero de una serie de libros que presentaban una perspectiva totalmente nueva de las criaturas vivientes. En él se exponía con toda claridad que los que creen en un sistema de cultivo basado únicamente en la química se exponen a recibir un choque rudo, y que los hombres y los animales alimentados con las dietas formuladas por los químicos, no podrán vivir mucho. Kervran aceptó sin pero alguno la idea de Lavoisier respecto a las reacciones químicas.

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La equivocación de la ciencia, dijo, consiste en sostener que todas las reacciones de los organismos vivos son de carácter químico, y que, en consecuencia, la vida debe interpretarse en términos químicos.

Kervran nos hace ver que las propiedades biologícas de una sustancia sólo de manera inadecuada está determinadas por el análisis químico.
Escribió que uno de los propósitos principales de su libro, era "demostrar que la materia tiene una propiedad desconocida hasta ahora, una propiedad que no está en la química ni en la física nuclear en su etapa presente. En otras palabras, no se ponen aquí en tela de juicio las leyes de la química. El error de numerosos químicos y bioquímicos consiste en que se empeñan en aplicar las leyes de la química a toda costa, sin haber comprobado sus afirmaciones en un terreno al cual no es siempre aplicable la química. En la fase final, los resultados pudieran ser de carácter químico, pero sólo por no haberse comprendido el fenómeno de la transmutación".
Rudolf Hauschka, en su brillante libro The Nature of Substance (La naturaleza de la sustancia), lleva más lejos todavía las ideas de Kervian y Herzeele, al decir que la vida no puede interpretarse en términos químicos, porque no es resultado de una combinación de elementos, sino algo anterior a ellos. La materia, dice, es el precipitado de la vida. "¿No es más razonable - pregunta -, suponer que la vida existió mucho antes que la materia, y que fue el producto de un cosmos espiritual preexistente?".

R. Hauschka

Hauschka, seguidor y defensor de la ciencia espiritual de Rudolf Steiner, se expresa en términos lapidarios cuando dice que los elementos, tal como nosotros los conocernos, son ya cadáveres, residuos de formas vitales. Aunque los químicos pueden obtener oxígeno, hidrógeno y carbono de una planta, no son capaces de lograr una planta con la combinación de estos elementos ni de otros. "Lo que vive - dice - puede morir; pero nada es creado muerto."

R. Steiner

Hauschka, que además repitió muchos de los experimentos de Herzeele, vio que las plantas no sólo podían generar materia de una esfera no material, sino eterealizarla de nuevo, observando una emergencia y desaparición de materia en secuencia rítmica, frecuentemente en coincidencia con las fases de la Luna.
Kervran, agradable y dinámicamente cooperativo y sincero a sus 70 años, dotado de una prodigiosa memoria para el detalle dijo en París a los autores de la obra presente que, en el proceso de germinación de las semillas que sintetizan enzimas, probablemente transmutando su propia materia, entran en juego energías poderosas. Sus experimentos le han convencido además de que las fuerzas lunares son extraordinariamente importantes para la germinación, aunque los botánicos han asegurado hace mucho tiempo que sólo hace falta calor y agua.



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"No podemos negar la existencia de algo, porque no lo conozcamos - dijo Kervran -. La clase de energías que llama fuerzas cósmicas etéreas por el gran científico natural y clarividente austriaco Rudolf Steiner, tienen que existir, aunque sólo sea por el hecho de que ciertas plantas no geminan más que en primavera, por mucho calor y agua que se les administre en otras temporadas del año. Hay variedades de trigo que sólo germinan según dicen, al prolongarse los días; pero, si esta prolongación es artificial, no germinan."
No sabemos lo que es en realidad la materia, dice Kervran. Ignoramos de qué está hecho el protón o el electrón, y las palabras con que nos referirnos a ellos sólo disimulan nuestra ignorancia. Indica que dentro del núcleo atómico puede haber fuerzas y energías de índole totalmente insospechada, y que debe formularse una teoría física que explique las bajas transmutaciones de energía que está estudiando, sin apelar a las hipótesis de la física nuclear clásica basada en interacciones poderosas, sino más bien explorando el campo de interacciones debilísimas, en que no hay seguridad de que operen las leyes establecidas de la conservación de la energía, ni de que exista siquiera un equivalente entre masas y energía.
Los físicos, asegura, están equivocados al decir que las leyes físicas son iguales para la materia viviente que para la inanimada. Muchos físicos consideran, por ejemplo, imposible la entropía negativa, fuerza que en la biología construye la materia; porque el segundo principio de la termodinámica de Carnot-Clausius en relación con la distribución de la energía, establece que no existe más que entropía positiva, o sea, que el estado natural de la materia es el caos, y que todas las cosas se mueven al azar y declinan, perdiendo calor sin adquirirlo.

S. Carnot R. Clausius

En contra de los físicos, Wilhelm Reich sostenía que los acumuladores construidos por él para recoger la energía que llamaba orgona, elevaban permanentemente la temperatura dentro de sus toques, dejando así fallida a la segunda ley de la termodinámica. A pesar de que demostró el fenómeno a Albert Einstein en su casa de Princeton, y de que él lo confirmó, aunque no se lo explicaba, creyeron que Reich estaba loco.

W. Reich

Aseguraba que la materia está creada de energía orgónica, que en las debidas condiciones la materia surge de la orgona sin masa, y que estas condiciones no son raras ni excepcionales. Todo esto indica además que, en la naturaleza viviente, existe bajo el nivel de la química molecular clásica de Lavoisier, otro más profundo de química nuclear, que asocia y disocia los nucleones, componentes de los núcleos atómicos. En las combinaciones moleculares, se produce energía calórica.

Orgonómetro


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En el nivel nuclear hay que añadir otra mucho más poderosa, la de la fisión o fusión de las bombas atómicas o de hidrógeno. Lo que queda por explicar, es por qué no se liberan estas energías fantásticas en las transmutaciones biológicas.
En Science et Vie se ha expresado que, sí en las bombas, en los reactores nucleares y en las estrellas hay reacciones nucleares de tipo de plasma, tiene que existir una clase totalmente distinta de reacción, la específicamente utilizada por la vida, que produce la fusión en forma extrañamente tranquila. Indica la revista que hay cierta analogía con una caja fuerte, que puede abrirse con dinamita o con una cerradura de combinación. El núcleo atómico puede resistir, como la cerradura, cuando se la quiere forzar violentamente, pero no pone obstáculo alguno a la manipulación acertada. El secreto de la vida, que viene siendo objeto de conjeturas por los vitalistas desde hace mucho tiempo, es como una cerradura de combinación. La diferencia entre lo animado o lo inanimado debe buscarse al nivel de la manipulación de la cerradura nuclear. Parece ser que, mientras el hombre tiene que usar la dinamita, las plantas y los demás organismos vivientes conocen la combinacion.
Kervran tampoco sabe si los microrganismos son capaces siquiera de fecundar un grano de arena. Después de todo, afirma, el humus procede hoy de la materia orgánica, pero hubo un tiempo en que no había materia orgánica en la Tierra.
Esto plantea la cuestión de si el doctor Wilhelm Reich no estaría a punto de realizar el descubrimiento del siglo, cuando dio a conocer que había observado por el microscopio vesículas energéticas, o biones, que no están vivos, pero portan energía biológica. Expuesta a temperaturas suficientemente elevadas y haciendo que se hinche, cualquier clase de materia, hasta la arena, experimenta una desintegración vesicular, y las vesículas resultantes pueden desarrollarse después en bacterias, escribió Reich.

Biones

Kervran, que está retirado actualmente de sus actividades de profesor, aunque es uno de los más eminentes de Francia, para dedicarse de lleno a la carrera de decidido alquimista, se pregunta cómo es que reacciones químicamente puras, como la combinación de un átomo de nitrógeno con otro de oxigeno, pueden realizarse en un tubo de pruebas sólo a temperaturas y presiones extraordinariamente elevadas, mientras las organismos vivientes las efectuan a la temperatura corriente de una habitación. Cree que esto se debe de alguna manera a los catalizadores biológicos denominados enzimas.



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En el anuario titulado Alchemy : Dream or Reality? (La alquimia : ¿sueño o realidad?), publicado en 1973 en Rouen por los estudiantes del prestigioso Instituto Nacional Superior de Química Industrial, escribe Kervran que los microrganismos son una concentración de enzimas. Su capacidad para transmutar los elementos no se reduce a unir electrones periféricos para formar afinidades, como las de la química clásica, sino que supone una alteración fundamental del núcleo de los elementos.
La mayor parte de las transmutaciones ocurren entre los primeros veinte elementos de la tabla periódica. Además siempre entra en juego, al parecer, el hidrógeno o el oxigeno. Así, la transmutación del potasio en calcio se realiza añadiéndole un protón de hidrógeno.
Kervran supone que el fenómeno que describe, y los datos que aporta, van a enfurecer a los químicos, porque no requiere la descolocación de los electrones en las capas atómicas periféricas ni las combinaciones químicas de las moléculas, que constituyen la médula de su disciplina, sino la alteración de los arreglos estructurales de los átomos, producida por las acttvídades de las enzimas en la materia viviente. Como esto tiene lugar dentro de los núcleos atómicos, pertenece a una ciencia nueva distinta de la química. Por extraño que parezca al principio, el nuevo lenguaje es tan sencillo, que cualquier estudiante de secundaria puede entenderlo fácilmente. Por ejemplo, si escribimos la fórmula del sodio con once protones así, 11-Na, y la del oxígeno con ocho protones 8-O, lo único que hace falta es sumar los protones para obtener diecinueve, o sea, el número del potasio, 19-K.
Siguiendo este razonamiento, el calcio (Ca) puede proceder del potasio (K) con la interacción del hidrógeno (H) según la fórmula 1-H más 19-K, igual a 20-Ca; o del magnesio con la interacción del oxígeno, en 12-Mg más 8-O igual a 20-Ca; o del silicio con la interacción del carbono, en 14-Si más 6-C igual a 20-Ca.

Como la destrucción atomica de la naturaleza se realiza en la vida biótica, los microrganismos, según Kervran, son el primer motor natural que sostiene el equilibrio en los suelos.
Desde el punto de vista de Kervran, algunas transmutaciones son beneficiosas biológicamente; otras, peligrosas. Como estas últimas pueden contrarrestarse, tiene que volver a formularse de nuevo todo el problema de las deficiencias del suelo. La aplicación indiscriminada de fertilizantes NPK a la tierra puede alterar el contenido que tienen las plantas de los elementos necesarios para una nutrición sana. A propósito de esto, cita Kervran la obra de un investigador norteamericano, quien, sin conocer su teoría de las transmutaciones biológicas, observó que el contenido de molibdeno disminuye en el maiz híbrido demasiado rico en potasio. ¿Cuáles son las cantidades óptimas de estos dos elementos en las plantas?", se pregunta Kervran, contestando a continuación : "No parece haber sido estudiado este punto, y la respuesta no es única, porque no sólo difieren los valores entre las especies, sino entre las variedades de una misma especie."



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Aunque los agricultores no contasen ya con fertilizantes de potasio, dice, no representaría esto una catástrofe, porque los microrganismos pueden producir potasio de calcio. Si ya se han producido a escala industrial levaduras y mohos para obtener penicilina, ¿ por qué no hay fábricas productoras de microrganismos para la transmutación de los elementos? Ya en los últimos años del decenio de 1960, el doctor Howard Worne puso en marcha la compañía Enzymes, Inc., en Cerry Hill, Nueva Jersey, en la cual microrganismos bombardeados con estroncio 90 se transmutaban para producir enzimas, que pudieran convertir los desechos del carbón en carbón bueno, haciendo que los microrganismos ingiriesen el primero y excretasen el segundo. El doctor Worne está actualmente en Nuevo México utilizando organismos para transformar desechos sólidos de basura y los de los mataderos en humus destinados a los estados occidentales que tanto necesitan el compuesto, y en gas metano para los estados orientales que necesitan energía.
Aunque la mayoría de los agricultores del mundo no conocen el fenómeno de la transmutación biológica, parece haber sido anticipado por los defensores del cultivo biológico, quienes, por encima de todo, comprendieron que tenían que pagar algún precio por apelar a la química en un contexto biológico. El cultivo basado exclusivamente en la química clásica, insiste Kervran, no da resultado cuando es intensivo y abusivo. Las grandes cosechas, como las del maíz en Illinois, sólo pueden durar determinado tiempo.
Aunque no se aplique tan abusivamente como en Estados Unidos, en que se han perdido enormes áreas, también en Europa, donde el uso de fertilizantes artificiales ha sido menor, ha empezada a observarse menor resistencia de las plantas a las plagas. El aumento de la infestación ya no es consecuencia del desequilibrio biológico.
"Los científicos y agrónomos clásicos del suelo, aferrados al dogma de que la biología es igual a la química - escribe el mismo autor -, no pueden concebir que no todo lo que tienen las plantas ha sido puesto en el suelo. No son ellos quienes pueden dar consejos a los labradores; sino que deben guiarse por los agricultores cultos e inteligentes que han comprendido desde hace mucho tiempo la diferencia entre una agricultura puramente química y otra biológica. Acaso llegase a convertirse y a realizar algunos de los experimentos descritos en este libro para ellos. Si son hombres de buena fe, reconocerán sus pasados errores; pero no se les pide tanto, sino únicamente que procedan a obrar."



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Después de indicar que el gran físico astrónomo inglés Fred Hoyle desechó la teoría del universo estático, que estuvo defendiendo durante casi un cuarto de siglo y le hizo famoso, Kervran advierte que él mismo ha reconocido que, si las observaciones futuras confirman que la física ha tomado una dirección equivocada, "habría que cambiar completamente las propiedades de la materia, por ejemplo, las leyes de la química".

F. Hoyle

En boletines como el de la British Soil Association, es donde Kenvran encuentra artículos que confirman sus ideas sobre la transmutación biológica en el suelo. En otro boletín análogo francés, Nature et Progrés, cierto investigador afirma que, después de analizar todos los meses durante un año el contenido de fósforo de dos tierras idénticas, una beneficiada con compuesto fermentado sin fósforo, y la otra con estiércol animal rico en fósforo, la muestra primera tenía 314 miligramos de fósforo al terminar el año, en tanto que la segunda no pasaba de 205. El investigador formulaba la siguiente conclusión : "Por lo tanto, el suelo que contenía mayor proporción de fósforo era el que no se había beneficiado con este mineral. Milagro del suelo viviente."
El doctor Barry Commoner cree que los compradores de fertilizantes artificiales se esclavizan a su producto, pero Kervran afirma otro tanto de las plantas. Si se les dan sustancias químicas, se las droga para que rindan mayores cosechas ... durante cierto tiempo. Compara esto con los aperitivos que estimulan el apetito del hombre, para después no satisfacérsele con una buena comida.

B. Commoner

Louis-Victor de Broglie, galardonado con el Premio Nobel por su predicción de las propiedades de las ondas del electrón, ha dicho : "Es prematuro tratar de determinar los procesos vitales de conformidad con los conceptos fisicoquímicos escasísimos del siglo XIX y hasta del siglo XX."

Kervran, quien estampa esta cita en el frontispicio de la edición inglesa de su libro, añade : "¿Quién es capaz de asegurar en qué rama actual de la física debe colocarse la - energía mental -, la fuerza de voluntad o el carácter? Puede asocíarse la memoria con la información, y la entropía negativa con la cibernética (¿no deberíamos llamarla química?), pero no tenemos indicio alguno de que la misma inteligencia no se exprese algún día en virtud de una ley física o química."

L.V. de Broglie

Jean Lombard, geólogo, dijo en el prefacio al segundo libro de Kervran, Natural Transmutations (Transmutaciones naturales) publicado en 1963, que había abierto un vasto y anchuroso campo, que podría llegar a esclarecer algunas confusiones de la teoría geológica.



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Escribió además : "Los verdaderos trabajadores de la ciencia, siempre dispuestos a recibir nuevas sugerencias, a veces se preguntan si el mayor obstáculo para el progreso de la ciencia no será quizá la mala memoria de los estudiosos; desean recordarles que algunos de sus predecesores murieron en la hoguera por haber propuesto ciertas - interpretaciones - que hoy son verdades comprobadas. Si los pioneros de la ciencia fuesen todavía condenados a la pira, no daría gran cosa por la piel de Louis Kervran."
El profesor René Furon, de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Paris, escribía, pasando revista al tercer libro de Kervran, Lou Energy Transmutations (Trasmutaciones bajas de energía), publicado en 1964 : "Este libro completa los dos anteriores. No puede negarse ya que la naturaleza produce magnesio del calcio (y en algunos casos, viceversa); que el potasio puede proceder del sodio; y que puede haber envenenamiento de monóxido de carbono sin que se haya respirado gas CO."
Parece ser que, fuera de Francia, no han sido los científicos occidentales, sino los japoneses, quienes han tomado primero en serio la obra de Keivran. Cuando Hisatoki Komaki, profesor de ciencias, leyó la traducción al japonés de Biological Transmutations de Kervran, relacionó sus conclusiones con la cosmología antigua oriental, y le comunicó por escrito que la transmutación del sodio - elemento yang - en potasio - elemento yin - era de enorme interés, tanto más cuanto que el Japón tiene escasos depósitos de potasio, y grandes existencias del sal marina.
Komaki dimitió de su cátedra para ser nombrado director de un laboratorio de investigaciones biológicas de la Matsushita Electric Company, y comunicó a Kervran que trataría de confirmar la reacción del sodio en potasio e interesar a sus colaboradores por su aplicación a escala industrial. Las investigaciones que realizó le demostraron que había diversos microrganismos - entre ellos, ciertas bacterias y dos especies de mohos y levaduras - capaces de transmutar el sodio en potasio, y que la producción misma de bacterias aumentaba enormemente con sólo añadir a los cultivos una pequeña cantidad de potasio. Komaki ha introducido en el mercado un producto hecho de levadura de cerveza, que, aplicado a los compuestos, aumenta su contenido de potasio. Queda por determinar la relación de este proceso con la acción de los riegos biodinámicos, tal como los concibiera Rudolf Steiner y los desarrollara Ehrenfried Pfeiffer.
La obra de Kervran está atrayendo también poderosamente la atención de los soviéticos. El profesor A. P. Dubrow, del Instituto de la Física de la Tierra, perteneciente a la Academia de Ciencias de la URSS, que ha estado estudiando los vínculos entre la radiosensibilidad de los animales y el campo geomagnético, escribió a Kervran a fines de 1971, indicándole que el campo magnético de la Tierra podría acaso desempeñar un papel importante en la transmutación biológica, y que los elementos podrían resultar afectados según se orientasen las formas biológicas al norte o al sur.



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En 1971 se publicó en Yerevan, capital de la República de Armenia, un libro ruso, titulado Problemas de las transmutaciones en la naturaleza, en edición limitada. V. B. Neiman, su editor, dice en un artículo importante - "Las transmutaciones en la naturaleza : estado actual del problema y metas para ulteriores estudios" - que los problemas fundamentales de la entropía y de la negentropía tienen que volver a ser examinados, y afirma que la diversidad de los elementos de la Tierra se debe a una serie de transmutaciones nucleares, en que se desarrollan procesos análogos a los fenómenos biológicos.
Neiman exhumó la cita más extraordinaria de la obra de Lenin, Materialismo y empirocriticismo, que prueba cómo el padre de la Unión Soviética trató de incorporar a su filosofía materialista una idea más en consonancia con el vitalismo y el misticismo que con el radical pragmatismo comunista : "Por milagrosa que parezca desde el punto de vista del sentido común, la conversión del éter imponderable en materia ponderable no es sino una nueva confirmación del materialismo dialéctico."
En la misma colección figura un ensayo de P. A. Korol'kov, titulado Metamorfismo espontáneo de los minerales y las rocas, en que muestra cómo el silicio puede convertirse en aluminio. En el resumen que hace de una conferencia que pronunció en julio de 1972 sobre la deposición de cromo en los Urales, Siberia, Kazakistán y el Lejano Oriente Soviético, Korol'kov llega a la conclusión de que los criterios geológicos tradicionales sobre el origen de la cromita y otros minerales afines no se compaginan con los nuevos dato, expuestos en la conferencia.
"El hecho es - escribe -, que somos testigos y participes de una revolución científico-tecnológica, es decir, que estamos viviendo en una época de revisión radical, no de pequeños detalles, sino del estado básico de una ciencia natural heredada. Ha llegado la hora de reconocer que cualquier elemento químico puede convertirse en otro, en condiciones naturales, Y no soy yo el único que lo afirmo. Conozco en la URSS a una docena de personas que piensan lo mismo.
Si los científicos soviéticos están adoptando un punto de vista totalmente nuevo sobre la materia - y hasta citando a Lenin respecto a la posibilidad de que el mismo éter la manufacture -, parece ser que la revolución ecológica tan necesaria para salvaguardar el futuro de la humanidad - y tan deseada en los Estados Unidos, desde que Fairfield Osborn escribiera Our Plundered Planet (Nuestro saqueado planeta) poco después de la Segunda Guerra Mundial - puede tener oportunidad de realizarse pese a la legión de adversarios que ven escapárseles verdaderas fortunas de las manos.



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En una revisión de la edición norteamericana del libro de Kervran para el International College of Applied Nutrition (Colegio Internacional de Nutrición Aplicada), V. Michael Walczak, doctor en medicina e internista del Studio City, California, decía : "Esta obra presenta un punto de vista totalmente distinto de nuestro concepto de la suplementación nutricional de los elementos, y de cómo funciona en los caminos fisiológicos y bioquímicos de nuestro cuerpo. Se propone demostrar que nuestras ideas de la suplementación sencilla de las deficiencias no son sólo discutibles, sino que están gravemente equivocadas."
Aunque muchos nutricionistas sin preparación siquiera en química simple están suministrando a la gente enormes e innecesarias dosis de calcio porque es el mineral que más abunda en el cuerpo, Walczak, que actualmente ha limitado su práctica médica al metabolismo interno y a la nutrición, asegura que, según sus investigaciones, el 80 por ciento de sus pacientes - con dietas suplementadas o no suplementadas - tienen demasiado calcio y demasiado pocos microelementos con respecto al calcio. La falta de estos elementos últimos en los suelos y en los alimentos, según Walczak, produce el desequilibrio de la función enzimática.
Dice que está previniendo enfermedades con la administración de dosis adecuadas de enzimas, hormonas, vitaminas y minerales, a cuyo conjunto llama la clave de la vida, y que además, está curando una serie de dolencias degenerativas. Termina diciendo que el oro que los alquimistas medievales se estuvieron afanando durante siglos en obtener del plomo, pudiera perfectamente ser el secreto de la buena salud y de la larga vida.
Los puntos de vista de Walczak son compartidos y confirmados por Richard Barmakian, nutricionista de la cercana Pasadena el cual escribió a los editores norteamericanos de Kervran que su versión de Biologial Transmutation iba a ser "la obra más importante de este siglo, científicamente y quizá desde otros ángulos". Después de haber leído el libro, Barmakian creyó poder llegar por fin al fondo del problema de las anormalidades y deficiencias del metabolismo del calcio, que, según dice, "hacen tantos estragos en los paises seudocivilizados del mundo de nuestros días, y especialmente en Estados Unidos".
De esto se hizo eco Organic Gardening and Farming, dirigido ahora por el hijo de J. I. Rodale, Robert, el cual declaró que Kervran había demostrado cómo el tratamiento químico del suelo está equivocado de arriba abajo, y destruye rápidamente la calidad del suelo en el mundo entero :



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"Estamos seguros de que, al esclajecerse nuestra comprensión de los procesos vitales que supone la agricultura orgánica, la comunidad científica va a recibir numerosas sorpresas." El economista Charles Walters, Jr., director de Acres USA, coincide con él : "Louis Kervran ha abierto una puerta. Sus obras han sido objeto de un importante reconocimiento por parte de los rusos, japoneses, francesas y chinos, que no necesitan preguntar al Departamento de Agricultura y a las compañías petroquímicas norteamericanas qué deben hacer, como ocurre con numerosos - agentes de extensión -, colegios que tienen concesiones de tierras, y agricultores a expensas de los examinadores bancarios."
Si los médicos, nutricionistas, editores y economistas de Estados Unidos empiezan a comprender que Kervran es el heraldo de una nueva época, como piensan los científicos profesionales extranjeros, es posible que estemos a la puerta de una revolución. Quizá se acerca el tiempo en que los dictadores de tácticas nutricionales y agriculturales, que han violentado la vida natural, desde los microorganismos más diminutos hasta los seres humanos, tendrán que escuchar a los profetas que han estado señalando los peligros de la quimificación del suelo desde comienzos de siglo.
En esta edad, en que se ha especializado tanto la ciencia, y en que la biología, que es la ciencia de la vida, se ha hecho tan molecular, que nuestra sociedad tecnológica está produciendo una muchedumbre de "sabios idiotas" de chaqueta blanca, obcecados y asfixiados en las estrechas divisiones que han hecho del saber, las anchurosas perspectivas de Goethe, Pfeiffer, Howard, Commoner y Voisin, y los nuevos descubrimientos de Louis Kervran, acaso constituyan el único preventivo de la catástrofe.

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